En la sacristía de nuestra iglesia encontramos la talla con la imagen de San Francisco de Asís (1181-1226) que vemos en la imagen.

No ha de extrañarnos que en una iglesia de origen dominico encontremos una talla del fundador de la orden de los franciscanos. Los dominicos y los franciscanos surgen en el siglo XIII de un mismo impulso de reforma. Se trataba de dos “Órdenes Mendicantes”, que se llamaron así por su característica de “mendigar”, es decir, de recurrir con humildad al apoyo económico de la gente para vivir el voto de probreza y cumplir su misión evangelizadora. Santo Domingo de Guzmán y San Francisco de Asís supieron leer con inteligencia los signos de los tiempos y afrontaron con acierto los desafíos de la Iglesia de su época.

En la imagen vemos a San Francisco de Asís arrodillado y con los brazos extendidos. Se representa así el momento en el que recibió en las palmas los estigmas de Cristo.

 Francisco pertenecía a una familia rica y vivió una adolescencia y una juventud despreocupadas. A los veinte años tomó parte en una campaña militar, en la que resultó prisionero. Su vida cambió tras un encuentro con un leproso. Poco después tuvo una visión en la que Cristo se le aparecía y le decía: ”Ve, Francisco, y repara mi Iglesia en ruinas”.

Francisco renunció a la herencia paterna y vivió como un eremita. El año 1209 presentó ante el Papa su proyecto de fundar la Orden de los Frailes Menores.

En 1224 Francisco ve el Crucifijo en la forma de un serafín y en el encuentro recibe los estigmas. Llega así a ser uno con Cristo crucificado.

Francisco fue un gran santo y un hombre alegre. Su sencillez, su humildad, su fe, su amor a Cristo, su bondad con todo hombre y con toda mujer lo hicieron alegre ante cualquier situación.
Su fiesta se celebra el 4 de octubre.