Historia de la iglesia: la fundación del convento de los dominicos

Castellón a mediados del siglo XVI.

El año 1579 se fundó el convento de los dominicos en Castellón, cuya iglesia es ahora la Parroquia de San Vicente Ferrer.

Nos podemos hacer una idea de cómo era el Castellón de mediados del siglo XVI viendo la maqueta que se encuentra a la entrada de la plaza Hernán Cortés, muy cerca de nuestra iglesia y que mostramos en la fotografía. La maqueta se ubica precisamente en el lugar donde se encontraba la torre que en la foto está situada en el extremo inferior derecho.

En aquellos años la población de Castellón no llegaba a los 600 habitantes (en el año 1574 tenía Castellón 592 vecinos). Dentro de sus murallas existían entonces dos conventos: el de los agustinos, situado donde ahora se ubica la iglesia de San Agustín, que estaban en Castellón desde al menos el siglo XIV; y el de las monjas clarisas, fundado el año 1523, situado donde ahora está la Plaza Santa Clara. Fuera de la muralla, en la zona donde ahora se sitúa la iglesia de San Francisco, estaba el convento de los franciscanos, que se fundó el año 1502.

Será ya en la segunda mitad del siglo XVI cuando los dominicos, que tan destacado papel estaban teniendo en la evangelización del Nuevo Mundo, decidieron fundar un convento en Castellón.

Un horno de cerámica antes de la fundación del convento.

En los terrenos en los que en el año 1579 se construyó el convento de los dominicos de Castellón, actual iglesia de San Vicente Ferrer, existía con anterioridad un horno de cerámica.

El Servicio de Arqueología de la Diputación Provincial de Castellón llevó a cabo hace unos años una prospección arqueológica en el subsuelo de la actual Capilla del Rosario. Los hallazgos encontrados permiten reconstruir la situación existente los años previos y posteriores a la fundación del convento.
Según los arqueólogos, bajo la actual capilla del Rosario, antes de que se fundara el convento, entre los años 1520 y 1579, existía un horno de cerámica, cuyos restos se han encontrado. Este horno de cerámica abastecería a la población de Castellón de los utensilios cerámicos ordinarios.

En la foto vemos el horno descubierto en los trabajos arqueológicos, así como el lugar exacto de la Capilla del Rosario en el que se encontró.

La situación de este taller cerámico era ideal: al lado de la acequia mayor, que le suministraba agua; junto al camino del mar, que le daba un buen acceso; y apenas a 100 metros de la villa amurallada de Castellón, lo que permitía a los vecinos acercarse cómodamente para adquirir los utensilios de cerámica que podían necesitar.

Se decide la fundación del convento.

 Previa licencia del prelado de Tortosa, el año 1579 los dominicos decidieron levantar un convento  fuera de las murallas de Castellón, en plena huerta, en las proximidades del molí Roder, al lado de la acequia Mayor y del Camino del mar.  Se fundó así el que entonces se denominó Convento de Santo Tomás, cuyo templo es ahora la iglesia de San Vicente Ferrer de Castellón. Del Convento de Santo Tomás se conserva también el claustro, que en la actualidad es el patio central del Conservatorio de Música.

La noticia de la fundación el año 1579 del convento de los dominicos en Castellón nos la proporciona un libro cercano a los acontecimientos, publicado el año 1599, cuyo autor es el dominico Francisco Diago. El título del libro es Historia de la provincia de Aragón de la Orden de Predicadores desde su origen y principio hasta el año de mil quinientos noventa y nueve. Se trata de una obra que, digitalizada, es de acceso público en Internet.

Según el libro, «el convento de Nuestra Señora del Rosario de la villa de Castellón del Reino de Valencia fue fundado el 15 de enero de 1579». Los terrenos fueron donados por «el caballero llamado Jaime Miralles, doctor el leyes». Fue el donante del terreno el que decidió que en medio del altar se pintase a Santo Tomás de Aquino y a sus lados Santa Ana y Santa Leonor. Por eso el convento se llamó de «de Santo Tomás de Aquino». A lo que se añade que el convento «después ha ido perdiendo ese nombre y tomado el de Nuestra Señora del Rosario».

Los primeros años del convento: la pequeña bodega.

En 1579 se funda el convento. Los primeros años no existía aún la actual iglesia. Las dependencias que se erigieron en ese primer momento debieron ser bastante modestas, puesto que apenas vivirían allí unos seis frailes. Sin embargo, los hallazgos arqueológicos han encontrado debajo de la actual capilla del Rosario los restos de unas instalaciones de transformación y almacenamiento de productos agrícolas, en concreto de vino. Se han hallado así restos de una pequeña bodega o lagar, donde los monjes elaboraban el vino necesario para sus actividades litúrgicas y para su propio consumo. En este período, que estaría comprendido entre 1579 y 1593, consta que próximo al convento los dominicos poseían una viña que “daba unos 500 cántaros de vino”, lo que equivaldría aproximadamente a unos 3.000 litros.

Seguramente la bodega siguió en funcionamiento, con algunas ampliaciones, hasta el año 1690, cuando se construyó la capilla del Roser. La construcción de la capilla del Roser supuso el total desmantelamiento de tales instalaciones, que fueron recubiertas y acabaron sepultadas en el subsuelo de la capilla.

 

La consolidación del convento.

De 1579 a 1593 las edificaciones que debieron existir en el primitivo convento de Santo Domingo de Castellón debieron ser pequeñas y de escaso relieve artístico. En ese período la comunidad sólo contaba con seis religiosos. 

El año 1593 el convento alcanzó el rango de priorato. Es a partir de ese momento cuando comienza la construcción de la iglesia y del convento.  El año 1600 el Consell municipal de Castellón efectuó una aportación para ayudar en la construcción de la iglesia. Y un informe sobre el estado del convento en el año 1613 confirma que las obras de “la iglesia, el claustro y un quarto” se están haciendo y se tienen dificultades para “pasar adelante” por la escasez de medios de la comunidad. En el año 1616 se solicitó una ayuda al Consell castellonense “… de doscientas libras para llevar adelante las obras del citado convento”, y en 1634 aún continuaba  construyéndose.

Muy posiblemente las obras del templo se finalizarían antes del año 1648, pues ese mismo año el maestro Juan Ibáñez comenzó la construcción del claustro adjunto, el cual se terminó de construir el año 1659.   Entre 1661 y 1668 se construyó la torre del campanario.

Estas dificultades en el proceso constructivo pueden explicar las discordancias existentes en la continuidad del desarrollo de las molduras que componen el tradós de arcos de acceso a las capillas laterales, los diferentes tipos de bóvedas usados en la cubrición del edificio y las formas decorativas de las capillas.

Finalizadas las obras de la iglesia, se inició la ornamentación y decoración de altares, retablos y pinturas. En 1651 el escultor valenciano Antonio López tallaba el retablo de la capilla de San Vicente Ferrer, y poco después de 1654 se haría el esgrafiado ornamental que todavía podemos ver en algunas capillas, siguiendo las pautas establecidas por el maestro Juan Ibáñez, a quien debe también atribuirse la pequeña estancia  copulada que pudo ser antigua sacristía a los pies del templo. Algo más  tarde, Jerónimo Jacinto de Espinosa  realizaba las pinturas del altar de la capilla de Santo Domingo.

Hacia el año 1690 se iniciaron las obras de construcción de la capilla del Rosario.

El convento del Rosario.

El Convento de Santo Tomás era entonces conocido popularmente como el “Convent del Roser”, el convento del Rosario. La explicación de ello se encontraba en que en esta iglesia, como era normal en los establecimientos dominicos, estaba adscrita la Cofradía del Roser o del Rosario, que se dedicaba a promover la devoción del Rosario mediante actos que se celebraban los sábados y los domingos primeros de cada mes y de las fiestas titulares, una el mes de octubre y otra el mes de mayo. La primera de estas dos grandes fiestas se celebraba el primer domingo de octubre. Esta fiesta había sido instaurada por Pío V en conmemoración de la victoria de Lepanto de 1571 y fue extendida  por toda la cristiandad por los papas Gregorio XIII, Clemente X y Clemente XI, hasta que finalmente, Pío X la fijó el 7 de octubre. La segunda fiesta era menos oficial, pero más popular y propia de Castellón, y se celebraba el primer domingo de mayo. Se trataba de una fiesta de mayo, de fecundidad, de labradores y campesinos, dedicada a la Virgen María. En esta fiesta está el origen de las actuales fiestas de Lledó, así como también de la celebración del Domingo de la Rosa.

Los frescos de la Capilla del Rosario, pintados por Eugenio Guilló el año 1704, son el elemento artístico más relevante de la iglesia. Se puede efectuar una visita virtual en otra parte de esta sitio web.

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