Historia de la iglesia: la fundación del convento de los dominicos

Se decide la fundación del convento.

Fue el año 1579 cuando se decidió la fundación del convento de los dominicos, cuya iglesia es ahora la de la Parroquia de San Vicente Ferrer de Castellón.

La Orden de Santo Domingo, a la que había pertenecido San Vicente Ferrer, tenía una importante presencia en el Reino de Valencia. Previa licencia del prelado de Tortosa, el año 1579 los dominicos decidieron levantar un convento  fuera de las murallas de Castellón, en plena huerta, en las proximidades del molí Roder, al lado de la acequia Mayor y del Camino del mar.  Se fundó así el que entonces se denominó Convento de Santo Tomás, cuyo templo es ahora la iglesia de San Vicente Ferrer de Castellón. Del Convento de Santo Tomás se conserva también el claustro, que en la actualidad es el patio central del Conservatorio de Música.

El convento de Santo Tomás se levantó sobre unos terrenos cedidos  por el doctor en Leyes don  Jaime Miralles, quien, según parece, impuso la condición de que el convento se dedicara a la advocación de Santo Tomás de Aquino. En aquel entonces el altar mayor de la iglesia aparecía presidido por Santo Tomás de Aquino, acompañado de Santa Ana y San Leonardo.     

Un horno de cerámica antes de la fundación del convento.

El Servicio de Arqueología de la Diputación Provincial de Castellón llevó a cabo hace unos años una prospección arqueológica en el subsuelo de la actual capilla del Rosario de San Vicente Ferrer. Los hallazgos encontrados permiten reconstruir la situación existente los años previos y posteriores a la fundación del convento.

Según los arqueólogos, bajo la actual capilla del Roser, antes de que se fundara el convento, entre los años 1520 y 1579, existía un horno de cerámica, cuyos restos se han encontrado.

Este horno de cerámica, situado junto a la acequia mayor, y a poca distancia de la muralla de la ciudad y junto al antiguo Camino del mar, abastecería a la población de los utensilios cerámicos ordinarios.

Los primeros años del convento: la pequeña bodega.

En 1579 se funda el convento. Los primeros años no existía aún la actual iglesia. Las dependencias que se erigieron en ese primer momento debieron ser bastante modestas, puesto que apenas vivirían allí unos seis frailes. Sin embargo, los hallazgos arqueológicos han encontrado debajo de la actual capilla del Rosario los restos de unas instalaciones de transformación y almacenamiento de productos agrícolas, en concreto de vino. Se han hallado así restos de una pequeña bodega o lagar, donde los monjes elaboraban el vino necesario para sus actividades litúrgicas y para su propio consumo. En este período, que estaría comprendido entre 1579 y 1593, consta que próximo al convento los dominicos poseían una viña que “daba unos 500 cántaros de vino”, lo que equivaldría aproximadamente a unos 3.000 litros.

Seguramente la bodega siguió en funcionamiento, con algunas ampliaciones, hasta el año 1690, cuando se construyó la capilla del Roser. La construcción de la capilla del Roser supuso el total desmantelamiento de tales instalaciones, que fueron recubiertas y acabaron sepultadas en el subsuelo de la capilla.

 

La consolidación del convento.

De 1579 a 1593 las edificaciones que debieron existir en el primitivo convento de Santo Domingo de Castellón debieron ser pequeñas y de escaso relieve artístico. En ese período la comunidad sólo contaba con seis religiosos. 

El año 1593 el convento alcanzó el rango de priorato. Es a partir de ese momento cuando comienza la construcción de la iglesia y del convento.  El año 1600 el Consell municipal de Castellón efectuó una aportación para ayudar en la construcción de la iglesia. Y un informe sobre el estado del convento en el año 1613 confirma que las obras de “la iglesia, el claustro y un quarto” se están haciendo y se tienen dificultades para “pasar adelante” por la escasez de medios de la comunidad. En el año 1616 se solicitó una ayuda al Consell castellonense “… de doscientas libras para llevar adelante las obras del citado convento”, y en 1634 aún continuaba  construyéndose.

Muy posiblemente las obras del templo se finalizarían antes del año 1648, pues ese mismo año el maestro Juan Ibáñez comenzó la construcción del claustro adjunto, el cual se terminó de construir el año 1659.   Entre 1661 y 1668 se construyó la torre del campanario.

Estas dificultades en el proceso constructivo pueden explicar las discordancias existentes en la continuidad del desarrollo de las molduras que componen el tradós de arcos de acceso a las capillas laterales, los diferentes tipos de bóvedas usados en la cubrición del edificio y las formas decorativas de las capillas.

Finalizadas las obras de la iglesia, se inició la ornamentación y decoración de altares, retablos y pinturas. En 1651 el escultor valenciano Antonio López tallaba el retablo de la capilla de San Vicente Ferrer, y poco después de 1654 se haría el esgrafiado ornamental que todavía podemos ver en algunas capillas, siguiendo las pautas establecidas por el maestro Juan Ibáñez, a quien debe también atribuirse la pequeña estancia  copulada que pudo ser antigua sacristía a los pies del templo. Algo más  tarde, Jerónimo Jacinto de Espinosa  realizaba las pinturas del altar de la capilla de Santo Domingo.

Hacia el año 1690 se iniciaron las obras de construcción de la capilla del Rosario.

El convento del Rosario.

El Convento de Santo Tomás era entonces conocido popularmente como el “Convent del Roser”, el convento del Rosario. La explicación de ello se encontraba en que en esta iglesia, como era normal en los establecimientos dominicos, estaba adscrita la Cofradía del Roser o del Rosario, que se dedicaba a promover la devoción del Rosario mediante actos que se celebraban los sábados y los domingos primeros de cada mes y de las fiestas titulares, una el mes de octubre y otra el mes de mayo. La primera de estas dos grandes fiestas se celebraba el primer domingo de octubre. Esta fiesta había sido instaurada por Pío V en conmemoración de la victoria de Lepanto de 1571 y fue extendida  por toda la cristiandad por los papas Gregorio XIII, Clemente X y Clemente XI, hasta que finalmente, Pío X la fijó el 7 de octubre. La segunda fiesta era menos oficial, pero más popular y propia de Castellón, y se celebraba el primer domingo de mayo. Se trataba de una fiesta de mayo, de fecundidad, de labradores y campesinos, dedicada a la Virgen María. En esta fiesta está el origen de las actuales fiestas de Lledó, así como también de la celebración del Domingo de la Rosa.

Los frescos de la Capilla del Rosario, pintados por Eugenio Guilló el año 1704, son el elemento artístico más relevante de la iglesia. Se puede efectuar una visita virtual en otra parte de esta sitio web.

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