La Casa de Beneficencia de Castellón.

La desamortización del convento y su destino a Casa de Beneficencia.

Hemos visto en la página anterior cómo, a causa de la legislación desamortizadora de los años 1835 y siguientes, se suprimió el convento de los dominicos de Castellón. Todas sus fincas y casas fueron subastadas y lo obtenido fue a parar a las arcas públicas. Finalmente, el edificio del convento y su iglesia no fueron venidos, pues el Ayuntamiento de Castellón solicitó que estas edificaciones se destinaran a Casa de Beneficencia.   

En el siglo XIX los Estados iniciaron acciones de auxilio a favor de los más necesitados. Se constituyeron así las Casas de Beneficencia, que incluían las casas de maternidad y expósitos y las de huérfanos y desamparados.

En el caso de Castellón, al principio se pensó construir la Casa de Beneficencia en el  antiguo convento de San Francisco, que había sido cedido el año 1822 para esa finalidad. De hecho, el 31 de marzo de 1832 se llegó a colocar allí la primera piedra de las obras. Sin embargo, ese emplazamiento no acababa de convencer a las autoridades.  Por ello, el  Ayuntamiento de Castellón, el 3 de diciembre de 1842, elevó una  solicitud al Regente del Reino Don Baldomero Espartero, pidiendo que se concediera el convento de los dominicos para instalar en él la Casa de Beneficencia, en lugar del convento de San Francisco, solicitándose también que este último se reservase para las urgentes necesidades de la población en caso de epidemia, para cuartel o para lo que se ofreciese. Así, al final, la Casa de Beneficencia se construyó sobre terrenos pertenecientes al convento de los dominicos, mientras que el antiguo convento de San Francisco se destinó a cuartel.

La cesión a favor del Ayuntamiento de Castellón se debió efectuar ya en el año 1843. Para utilizar las antiguas edificaciones del convento como Casa de Beneficencia hubo que efectuar determinadas obras. En el Boletín Oficial de la Provincia de Castellón de 7 de junio de 1854 y en el Boletín Oficial del Estado de 15 de junio de 1854 se publicó el anuncio de la Junta Provincial de Beneficencia por la que se sacaba a pública licitación la construcción de dos departamentos de expósitos y monjas en lo que en ese momento se denominaba la Casa de Misericordia. Debieron ser obras de cierta envergadura, pues el presupuesto ascendió a 31.650 reales, lo que hoy equivaldría a más de 220.000 euros. El plazo de ejecución de las obras fue de 3 meses. Concluidas las obras, comenzó a funcionar la Casa de Beneficencia, llamada de Misericordia.

Por Real Orden de 14 de enero de 1860 se declaró que la Casa de Misericordia pasaba a tener el rango de provincial, por lo que la Diputación Provincial se hacia ahora cargo de  la institución.  El 17 de octubre de 1860 se publicó en el Boletín Oficial de la Provincia de Castellón una instrucción por la que se comunicaba que desde el 1 de octubre de 1860 la Casa de Misericordia pasaba a depender de la Diputación Provincial. La Diputación Provincial, antes de asumir su gestión, debió efectuar determinadas obras de ampliación en la parte del edificio destinada a las monjas que se iban a encargar de su funcionamiento, tal y como resulta del acta de la sesión del Pleno de la Diputación de 10 de septiembre de 1860.

La Casa de Beneficencia a cargo de las Hermanas de la Consolación.

El 1 de octubre de 1860 el establecimiento pasó a pertenecer a la Diputación. El día siguiente, 2 de octubre, la Diputación Provincial de Castellón dirigió un escrito al Obispo de Tortosa solicitando que las Hermanas de la Consolación se hicieran cargo de la Casa Provincial de Beneficencia. Conforme a lo solicitado, el 25 de octubre de 1860 llega a Castellón María Rosa Molas junto a ocho hermanas para hacerse cargo de la Casa de Beneficencia.  Un año antes, en concreto el 23 de agosto de 1859, María Rosa Molas, con siete hermanas, ya se había hecho cargo del Hospital Provincial.

Unos meses después de la revolución de 1868, en concreto el 2 de junio de 1869, María Rosa Molas recibe la orden escrita de los nuevos dirigentes de la Diputación Provincial de que ha de reducir de forma importante el número de hermanas que atendían la Casa de Beneficencia. María Rosa Molas se opuso a esta medida, indicando que esa reducción suponía el incumplimiento del contrato firmado el 24 de agosto de 1866, que preveía un plazo de preaviso de 4 meses para cualquier cambio, a lo que añadía que con sólo 8 hermanas era totalmente imposible hacerse cargo de las tareas propias de la Casa de Beneficencia. Gracias a esa oposición no se llegó a reducir el número de hermanas. Al contrario, a los pocos años su número se incrementó, llegando a ser de treinta.

Nos podemos hacer una idea de la importancia que adquirió en aquellos años la Casa de Beneficencia, junto con el Hospital Provincial, ambos a cargo de las Hermanas de la Consolación, a partir de los datos sobre el consumo anual de carne y pan de estos establecimientos. Así, en la Gaceta de Madrid de 25 de abril de 1868 podemos leer que el consumo anual de carne de carnero era de 10.000 quilos, y en la Gaceta del 18 de diciembre de 1867 se nos informa que las necesidades de pan blanco eran de 7.712 quilos al año y la de pan común de 14.010.

La Casa de Beneficencia y la iglesia en 1873.

El año 1873 se publicó el libro «Historia, Geografía y Estadística de la Provincia de Castellón» escrito por Bernardo Mundina Milallave.

El libro de Bernardo Mundina nos informa sobre la Casa de Beneficencia en esos años. El año 1867 se creó allí una escuela de instrucción primaria y en 1871 «se introdujo la iluminación de gas en sus grandes departamentos». El autor añade lo siguiente:

«Este edificio es muy capaz y reúne todas las condiciones propias para un establecimiento de esta clase: sostiene la provincia en este asilo, 600 huérfanos y viejos, de ambos sexos, dándoles la más completa instrucción y el oficio correspondiente la su disposición e inclinación siendo encargadas del aseo y gobierno interior de la casa ocho monjas de la caridad (en realidad de la Consolación).
La iglesia del convento está abierta al servicio público: es de una nave espaciosa, ‘de orden dórico; está dedicada á san Vicente Ferrer,a cuyo titular hacen todos los años una novena que está concurrida de todo lo mas selecto de la sociedad castellonense, desplegándose un lujo asiático tanto en el auditorio como en la pompa de la funciono Un coro de buenas voces, orquesta, armonium y un ‘orador para cada uno de los nueve días, constituye la parte esencial de este tan concurrido novenario».

Pese a que en esos años la iglesia era conocida como la de la Casa de la Beneficencia o la de Santo Domingo, lo cierto es que el altar estaba dedicado a San Vicente Ferrer.

La fundarse el convento el año 1579 en el presbiterio se colocó una primera pintura de Santo Tomás de Aquino, conforme a la voluntad de quien había cedido los terrenos. Sabemos que en el siglo XVIII en el altar se puso una pintura de Santo Tomás de Aquino de más calidad pintada por Francisco Ribalta. Pero el cuadro desapareció al desamortizarse el convento. Todo apunta a que la Diputación, al acondicionar en 1860 la iglesia, antes de abrir la Casa de Beneficencia, colocó en el altar una pintura de San Vicente Ferrer. Podría tratarse de la pintura que vemos en la fotografía, que es anterior a la creación de la Parroquia en 1964. La pintura de la foto fue sustituida en 1972 por la actual de Soler Blasco.

La Casa de Beneficencia en el siglo pasado.

En la biblioteca virtual de la Universidad Jaume I de Castellón se puede consultar un libro de la Diputación Provincial de Castellón publicado en 1929 titulado «Labor realizada por el Directorio Militar y el Gobierno Civil de la Dictadura durante el quinquenio 13 septiembre 1923 a 13 septiembre 1928». Este documento nos da una detallada información sobre cómo estaba entonces organizada la Casa de Beneficencia.

Estaban acogidos en aquel momento en la Casa de Beneficencia un total de 305 personas, distribuidas de la forma que podemos ver en el resumen de la imagen superior. Según este documento la Casa de Beneficencia:

«Tiene un gran patio central, en el cuerpo principal, rodeado de galerías y claustro y al Nordeste y Sudeste otros dos extensos patios y en estos últimos, erigidos, varios pabellones aislados destinados a diversos servicios, como lavaderos, coladero, baños, lavabos, talleres y departamento de ancianos impedidos.
Consta el edificio de tres pisos, ocupados por los dormitorios y enfermerías, habitación de las Hermanas, departamento de nodrizas, cocina, comedor, ropero, Escuelas de ambos sexos y de párvulos, vestíbulo, habitaciones del Capellán, Portero, Celador y Oficinas de la Dirección y Administración.
Son satisfactorias las condiciones de ventilación y luz, de higiene y salubridad.
Su cabida es solamente para unos 500 asilados, siendo muy reducidos los locales destinados a lavabos, baños, duchas, enfermerías y roperos, como asimismo los destinados a habitación de las Hermanas, Escuela de niños y habitaciones del Portero y Celador».

Este libro nos sigue contando detalles de la Casa de Beneficencia:

«Hace poco se ha establecido un horno, última creación alemana, patentado, donde diariamente se elabora el pan necesario para los asilados y para los enfermos del Hospital, acabando con el pésimo y caro servicio de contratar dicho artículo, tan indispensable, consiguiendo que el pan que se elabore sea de inmejorable calidad, siendo además el horno y panadería, taller de aprendizaje de los asilados, dirigidos por un maestro hornero.
Igualmente se ha instalado un lujoso local para barbería servido también por los asilados, que se ejercitan en dicho oficio, bajo la dirección de un maestro barbero.
Se ha restaurado totalmente la amplia escalera del departamento de mujeres y construido otra de servicio, pavimentándose uno de los mejores dormitorios por su orientación y capacidad, chapándolo de azulejos para su mayor limpieza. La cocina es limpia e higiénica y el comedor bastante espacioso.
La alimentación ha sido cambiada radicalmente, habiendo desaparecido el antiguo rancho, que se mejoraba solamente los domingos, consistiendo hoy día la comida, en desayuno, compuesto de café con leche, sopa o chocolate, dos platos a la comida y dos para la cena, atendiendo las especiales necesidades de los ancianos y niños que no pueden subordinarse a la alimentación general
El servicio de camas, compuesto antes de tablas y banquillos, con jergones de paja, ha sido sustituido por camas de hierro con somier y colchones, teniendo las camas las ropas necesarias de sábanas, mantas y cubre camas.
El vestido de los asilados es completo, teniendo uno de diario y otro para los días festivos, hallándose debidamente atendida la limpieza de los albergados.
Las escuelas y talleres existentes antaño, han quedado reducidas al taller de sastrería, bajo la dirección de un maestro; el de costura y calzado.
Recientemente se ha creado una escuela de música y una banda, dirigida por el competente profesor D. José García y obtenido de la misma grandes progresos.
Existen asimismo una escuela de primeras letras; otra de sordo-mudos; la de ciegos y la de educación física, mereciendo elogios el esfuerzo verdaderamente apostólico de sus dignos profesores como es digna de elogio la Casa cuna, cuyos niños son amamantados, unos por nodrizas en la propia Casa y otros por externos».

Unos años más tarde, en la Memoria de la Diputación de 1934, se nos informa de que han terminados las obras de la fachada principal, cuya foto, de ese año, vemos en la siguiente imagen. En este documento se cuenta que en ese momento había 339 asilados en la Casa de Beneficencia.

Las Hermanas de la Consolación tuvieron que abandonar la Casa de Beneficencia el 18 de agosto de 1936, al comenzar la Guerra Civil (1936-1939).

Terminada la Guerra Civil, las Hermanas de la Consolación vuelven a hacerse cargo con normalidad de la Casa Provincial de Beneficencia. Durante todo este periodo (de 1940 a 1970) la Casa Provincial de Beneficencia a cargo de las Hermanas de la Consolación, llevó a cabo una gran labor social. En este período el número de hermanas llegó a alcanzar el centenar. En la Casa Provincial de Beneficencia funcionó una escuela de sordomudos, lo que constituye un precioso antecedente, ya que desde el año 2009 la Parroquia de San Vicente Ferrer se encarga de la pastoral diocesana de Sordos. El año 1949 la Casa Provincial de Beneficencia pasó oficialmente a denominarse Hogar Provincial San Vicente Ferrer. 

En la década de los años 80 del siglo pasado la Diputación decide el cierre de la Casa de Beneficencia, con la demolición de sus instalaciones. Sólo se va a mantener el claustro. Los terrenos ocupados por la Casa de Beneficencia se destinaron a otros fines de tipo educativo y cultural: el conservatorio de música, la escuela de artes y oficios y el museo de arte contemporáneo.