San Vicente Ferrer es uno de los santos dominicos que aparece en los frescos del techo de la capilla del Roser, pintado por el Eugenio Guilló el año 1705. Lo vemos en el presbiterio, con el fresco sobre muro pintado por Soler Blasco el año 1972. Finalmente, encontramos también en nuestra iglesia una talla del Santo, ahora ubicada en la capilla de Santo Domingo.

  Al fundarse el convento de los dominicos, la iglesia se denominó de Santo Tomás de Aquino. A partir de la desamortización, a mediados del siglo XIX, la iglesia se conoció como de Santo Domingo. Fue a raíz de la creación de la Parroquia, el año 1964, cuando pasó a llamarse iglesia de San Vicente Ferrer. ¿A qué se debió el cambio? Sabemos que desde 1949 la Casa de Beneficencia pasó a denominarse Hogar Provincial San Vicente Ferrer. Además, cuando se creó la Parroquia en el altar existía ya una fresco con la imagen de San Vicente Ferrer, el cual fue sustituido en 1972 por la pintura de Soler Blasco. Seguramente esas dos circunstancias fueron determinantes a la hora de denominar a la nueva Parroquia como San Vicente Ferrer, cambiando el nombre del templo, conocido hasta ese momento como de Santo Domingo.

Pocos años después de la constitución de la Parroquia se efectuó la restauración del retablo mayor, ello mediante una pintura de San Vicente Ferrer obra de Soler Blasco. Es el propio pintor el que explicó su trabajo con estas palabras:

 “El primer punto en que procuro atraer la atención de los fieles es la mano levantada del Santo, cuyo gesto indicativo se transforma en ademán de advertencia paternal. La mano está realizada en tonos muy claros, precisamente para mejor atraer la mirada de los devotos. También mediante los pliegues blancos del hábito de San Vicente intento desplazar la atención hacia unas figuras angélicas situadas a sus pies. Una de éstas indica el Sagrario que realmente preside el mural, y con el gesto  hace llamada al recogimiento y al silencio. Al otro lado del Sagrario queda otra figura angélica, con túnica blanquísima, sobre fondo completamente negro, en actitud de oración. Y detrás de ellas, la tercera lleva el homenaje de un ramo de flores. Finalmente otra figura angélica sostiene abierto el libro sagrado, en el que San Vicente Ferrer apoya la mano como afirmación de los propios argumentos”.