Uno de los santos dominicos que podemos contemplar en el techo de la Capilla del Roser es Santo Tomás de Aquino (1224-1274). En la imagen lo vemos llevando en las manos una pluma y una custodia con la Sagrada Forma. La pluma se debe a que  fue un gran teólogo, que escribió numerosos libros. La custodia hace referencia a su devoción hacia el Santísimo Sacramento, que se manifestó en particular en la composición de un magnífico Himno a Jesús Sacramentado.

Nuestro templo está unido desde su origen al nombre de Santo Tomás. Cuando se fundó el convento de los dominicos, el año 1579, éste se levantó en los terrenos cedidos por el castellonense Jaime Miralles, que puso la condición de que el convento se dedicara a la advocación de Santo Tomás de Aquino. Así, desde su fundación, y hasta la desamortización de 1835, se le conoció como el “convento de Santo Tomás”.

En palabras de San Juan Pablo II y Benedicto XVI, Santo Tomás de Aquino es el “modelo del modo correcto de hacer teología”. Él mostró que entre fe cristiana y razón subsiste una armonía natural, que la fe no es contraria a la razón.

Santo Tomás no sólo se dedicó al estudio y a la enseñanza, sino que también predicó al pueblo sencillo. Supo ser un teólogo que sabía hablar con sencillez y fervor a los fieles. Su fiesta se celebra el 28 de enero.