AL LADO DE LA ACEQUIA MAYOR

 

En el tiempo de verano, cuando el calor apretaba, nuestros antepasados, si no podían coger el camino de la mar, siempre tenían la alternativa de darse un chapuzón en la acequia Mayor.

En la foto superior, que es de principios del siglo XX, vemos la acequia Mayor y al fondo la población de Castellón. A la derecha, en la fotografía se puede ver la iglesia de la actual Parroquia de San Vicente Ferrer y la Casa de Beneficencia. 

Nuestra iglesia se construyó al lado de la acequia Mayor, como podemos ver en este plano de Castellón de finales del siglo XVI.

La acequia mayor, situada fuera de la muralla, paralela a ella, fue durante mucho siglos el límite de Castellón por el este.

Los dominicos, al fundar el año 1579 el convento, tuvieron que obtener permiso para  construir un acceso desde la población amurallada a través de la que se llamó la Puerta Nueva del Roser, así como un puente de acceso sobre la acequia Mayor y el derecho a hacer “un abeurador davant lo Roser”. En la imagen superior se detalla la ubicación del primitivo pequeño puente de acceso al convento sobre la acequia Mayor.

 

Durante muchos años la acequia Mayor, con su fresca agua cristalina, fue compañera de nuestra iglesia. A comienzos del siglo XX  la acequia todavía atravesaba descubierta al lado de la iglesia, tal y como podemos ver en la foto superior, en la que un niño juega con el agua, muy cerca de nuestro templo. El tramo de la acequia entre el camino del mar  y el comienzo de la Calle Gobernador se cubrió completamente entre 1902 y 1929.

El año 1796 el Gobernador Bermúdez de Castro ordenó derribar las murallas de Castellón, lo que permitió el crecimiento de la ciudad. Sobre la acequia Mayor se construyó la Calle Gobernador, y el camino de acceso al convento desde el recinto amurallado con el tiempo será la actual Calle Guitarrista Tárrega.

Con la demolición de la muralla, poco a poco se va a urbanizar la Calle Gobernador. Contemporánea a la demolición de la muralla es la construcción del Palacio Episcopal, entonces aún del Obispado de Tortosa, que se concluyó el año 1795. Vemos una fotografía del Palacio de 1929.

Es de destacar que en la Calle Gobernador, alrededor de la acequia Mayor, van a aparecer un buen número de edificios religiosos. Ya desde 1693 funcionaba el convento de las monjas capuchinas. En 1878 las Hermanas de los Ancianos Desamparados se hicieron cargo del Asilo de Ancianos creado por el sacerdote Juan Bautista Cardona Vives. Y el año 1910 se trasladó a la calle Gobernador el convento de las carmelitas descalzas. Estos edificios religiosos, junto con el Palacio Episcopal y el convento de los dominicos, todos ellos alrededor de la acequia Mayor, convirtieron a ésta en esa “acequia de Dios llena de agua” de la que habla el Salmo 64, que, enriquecida sin medida, rezuma abundancia, queda bendecida con sus brotes y sus colinas se orlan de alegría.

Creada la Parroquia de San Vicente Ferrer el año 1964, el agua de la acequia Mayor nos siguió acompañando de modo silencioso, sin que nadie se diera cuenta, oculta bajo  la acera. Tras bañar los cimientos de nuestra vieja iglesia, el agua seguía su marcha para visitar, unos metros más adelante, los cimientos de todos los otros edificios religiosos de la Calle Gobernador. Al final de su recorrido, el agua de la acequia empapaba la tierra de las huertas de Castellón para fecundarla y hacerla geminar, para que diera semilla al sembrador y pan al que come.

Desde al año 2002 ya no pasa agua por este tramo de la acequia Mayor, ya que se ha construido una tubería por la Ronda de Circunvalación. Se evitan así las humedades que dañaban los edificios colindantes. Pero, a pesar de todo, el agua sigue su camino. Y, aunque ya no pase por el lado de nuestra iglesia, al final de su camino sigue fecundando la tierra, cumpliendo su misión, aquella por la que nuestros antepasados construyeron la acequia Mayor, junto a la cual, el año 1579, los dominicos decidieron levantar su convento, que es ahora nuestra casa, la iglesia de la Parroquia de San Vicente Ferrer de Castellón.