2020: el año de la pandemia.

En esta página web hemos contado los momentos históricos más importantes de nuestra iglesia, desde su construcción al fundarse el convento de los dominicos, hasta la creación de la Parroquia. Todos los grandes acontecimientos, tanto los de gozo (fundación del convento, su consolidación y logros artísticos, la Casa de Beneficencia, la creación de la parroquia) como los dolorosos (guerra de la independencia, supresión del convento, desamortización, la guerra civil) se relatan en el correspondiente apartado de esta web.

Los primeros días de marzo del 2020 nuestra Parroquia estaba celebrando la Cuaresma, a la espera de que comenzara la Semana Santa. No podíamos entonces imaginar lo que, en pocos días, en modo tan profundo, iba a cambiar nuestras vidas, también como comunidad parroquial.

La pandemia ocasionada por el coronavirus COVID-19 obligó a cerrar todos los templos desde mediados de marzo a mediados de mayo de 2020. Por primera vez en los más de cincuenta años de historia de la Parroquia no se celebró con público la Semana Santa y no hubo en más de dos meses actos públicos de culto. No existen precedentes históricos de nada semejante.

Los estudiosos nos dicen que esta pandemia y sus tremendos efectos en todo el mundo, con el gran número de muertes y sus secuelas sociales y económicas, puede ser el hecho histórico de mayor transcendencia desde el final de la Segunda Guerra Mundial.

Esta web es como esa botella en la que se introduce un mensaje y se lanza al mar. Las generaciones futuras sabrán, cuando acceda a este documento, cómo vivía una comunidad cristiana en una pequeña capital de provincias española a comienzos del siglo XXI. También les tendremos que contar cómo se vivió ese momento excepcional que supuso la pandemia del Coronavirus del año 2020. 

1. Se cierra el templo.

 Hasta el sábado 7 de marzo de 2020 nuestra Parroquia pudo llevar a cabo con relativa normalidad sus diferentes actividades.

En las misas del domingo 8 de marzo ya se dio lectura a un comunicado del Obispado, en el que se anunciaban una serie de medidas de prevención frente al COVID-19. Entre otras medidas, se suprimían las reuniones parroquiales que no resultaran estrictamente necesarias. Por ello se suprimió la oración cuaresmal prevista en la parroquia para el martes 11 de marzo, así como el resto de reuniones programadas.

El miércoles 12 de marzo las autoridades civiles suprimieron las Fiestas de la Magdalena en Castellón, que iban a comenzar tres días más tarde.  Ni que decir tiene que la noticia cayó como una bomba. Cualquier cosa podía suceder.

Fue el sábado 14 de marzo de 2020 cuando el Gobierno aprobó el Real Decreto declarando el estado de alarma. Todo el país quedó confinado para paliar los efectos de la pandemia. Ese mismo día la Iglesia católica acordó el cierre de todos los templos.

El Boletín parroquial preparado para ese fin de semana no se llegó a distribuir. Todas las previsiones parroquiales para lo que quedaba de Cuaresma y para la Semana Santa saltaron por los aires.

De repente, nuestra comunidad parroquial tuvo que adaptarse, sin tiempo para prepararse, a un nuevo escenario, en el que el templo permanecía cerrado y no era posible celebrar ninguna reunión parroquial. Los sacerdotes seguían celebrando la eucaristía en el templo, pero sin público y con las puertas cerradas. No había precedentes históricos de algo semejante. Todas las iglesias de España iban a permanecer durante meses cerradas.

2. Una Semana Santa sin fieles.

Como consecuencia del confinamiento decretado el 14 de marzo de 2020, para protegernos de la pandemia por el coronavirus, nuestro templo, como el resto de las iglesias de España, se cerró al público. Todas las actividades presenciales de la Parroquia se suspendieron. Se interrumpieron las catequesis de comunión y confirmación. Se cerraron las oficinas.

El 5 de abril comenzaba la Semana Santa con la celebración del Domingo de Ramos. Los fieles de la Parroquia tuvimos que seguir las celebraciones por televisión. El párroco y el vicario celebraron solos en el templo la eucaristía.

Fue, sin duda, una Semana Santa distinta. Los sacerdotes de la parroquia celebraron a puerta cerrada en el templo, sin público, todos los oficios: el Jueves Santo, el Viernes Santo, la Pascua de Resurrección. La comunidad parroquial, por primera vez en su historia, no pudo acudir al templo y tuvo que seguir las celebraciones por televisión.

A través de los grupos de wasap de la parroquia pudimos ver imágenes de la celebración de los oficios de Semana Santa de nuestro párroco y de nuestro vicario. Por ese medio pudimos escuchar sus homilías.

Tiempo triste. Las iglesias cerradas. Y la gente enfermando y muriendo por todas partes.

Llegó la fiesta de nuestro patrón, San Vicente Ferrer, el lunes 20 de abril. Continuaba el confinamiento. De nuevo la misa a puerta cerrada, en solitario, de nuestro Párroco. Y encima, la tuvo que hacer solo con la luz de la calle, ya que debido a las tormentas de días anteriores, la Parroquia se quedó sin luz.

No fue posible celebrar el Festival Parroquial que se tenía previsto para esas fechas, como sí celebramos, con gran éxito, el año anterior.

Dos meses sin celebraciones. Todos encerrados en casa. La comunidad parroquial tuvo que aprender a comunicarse entre sí por medios distintos de la reunión presencial.

3. Una comunidad digital.

Durante el confinamiento por la pandemia del coronavirus, con el templo cerrado, ante la imposibilidad de celebrar reuniones presenciales, la comunidad parroquial de San Vicente Ferrer tuvo que aprender a comunicarse por medios no presenciales.

Al igual que las familias, que tampoco podían reunirse, tuvieron que aprender a comunicarse mediante videoconferencias, nuestra comunidad parroquial tuvo que adaptarse a la obligada reclusión y también utilizó los medios digitales a su alcance. Prácticamente todos los grupos parroquiales ya contaban con un grupo de wasap propio. Durante el confinamiento la existencia de estos grupos fue una útil herramienta que permitió que todos siguiéramos en contacto y pudiéramos mantener vivo el espíritu de comunidad.

Fue gracias a estos grupos de wasap como la comunidad parroquial pudo acompañar virtualmente a sus sacerdotes en todas las celebraciones de Semana Santa y Pascua que celebraron en el templo sin público. De este modo, no estaban solos y todos pudimos, en la distancia, estar de algún modo presentes con ellos en esos actos.

Incluso se pudo retransmitir a los fieles la misa de nuestro patrón, San Vicente Ferrer.  La página web del Obispado se hizo eco el 23 de abril de 2020 de la noticia de que “la Parroquia de San Vicente Ferrer de Castellón mantiene el contacto regular con 200 feligreses”, y se destacó que 160 personas de la parroquia pudieron seguir la misa de San Vicente Ferrer a través de su canal de Facebook.

A través de estos grupos de wasap, el Consejo de Asuntos Económicos de la Parroquia promovió una campaña para que los fieles realizaran mediante transferencias las aportaciones que normalmente se efectuaban en las colectas de las misas. Gracias a esta iniciativa, y a los donativos que por ese medio se recibieron, el período de confinamiento pudo terminarse sin déficit

4. La apertura de la iglesia en la desescalada.

 A partir de mayo comenzó la desescalada en el riguroso confinamiento por el coronavirus iniciado el 14 de marzo de 2020. Cuando la ciudad de Castellón pasó a lo que se denominó Fase 1 de la desescalada, pudieron abrirse al público las iglesias, ello con estrictas medidas sanitarias.

Comenzó así una nueva etapa. El 18 de mayo se reanudaron las misas con asistencia de público. El aforo estaba entonces limitado a la tercera parte, con distancia entre los fieles de más de al menos metro y medio. Se estableció la obligación de usar en todo momento mascarilla. Al acabar cada misa era obligatorio limpiar los bancos con un producto especial con alcohol.

Se creó en la Parroquia un nuevo servicio de voluntarios: las personas que a la entrada de la iglesia iban a controlar el acceso facilitando el gel hidro alcohólico y que luego iban a encargarse de la desinfección de los bancos. Se creó el grupo de wasap y se establecieron los turnos.

El aforo total de la iglesia, calculado según los criterios establecidos, es de 263 personas. En aquel momento el aforo máximo era del 30%, lo que equivalía a 86 personas.

Puesto que el aforo estaba muy limitado, el número de misas se amplió. Los sábados el horario de misa fue de 18 y 19 horas. Y los domingos el horario de misas fue de 10, 11, 12, 13, 18 y 19 horas.

A medida que el municipio de Castellón fue avanzando de fase en la desescalada, el porcentaje de aforo fue aumentando. En la fase 2 el aforo fue del 50% y en la Fase 3 del 75%.

En estos momentos aún se sigue con este régimen de restricciones, con un aforo máximo permitido del 75%.

Poco a poco, y con importantes limitaciones, se reanudaron las reuniones en la Parroquia. Y, con muchas restricciones, en septiembre de 2020 se celebraron las ceremonias de primeras comuniones y confirmaciones que se suspendieron antes del verano.

5. Un recuerdo desde la esperanza.

El Papa Francisco, en el prólogo de un libro escrito, entre otros, por el Cardenal Walter Kasper titulado “Dios en la pandemia”, nos dice que el coronavirus nos ha sorprendido a todos como una tormenta que descarga de repente, en la que muchos han tenido que lamentar la muerte de familiares y amigos queridos. El Papa añade lo siguiente:

“Esta dramática situación ha puesto en clara evidencia la vulnerabilidad, caducidad y contingencia que nos caracterizan como humanos, cuestionando muchas certezas que cimentaban nuestros planes y proyectos en la vida cotidiana. La pandemia nos plantea interrogantes de fondo, concernientes a la felicidad de nuestra vida y al amparo de nuestra fe cristiana”.

La comunidad parroquial de San Vicente Ferrer también ha tenido que lamentar durante la pandemia la muerte de alguno de los suyos. Uno de sus miembros más activos, lector, visitador de enfermos y ministro extraordinario de la comunión, Ismael Romero, tras una larga permanencia en la UCI, no pudo superar la enfermedad del COVID-19 y falleció durante los meses de la pandemia. Desde la convicción de que él vive ahora en presencia del Señor, le dedicamos desde aquí un entrañable recuerdo.

Como señala el Papa en el prólogo al que nos referimos, “en medio de la crisis hemos celebrado la Pascua, escuchando el mensaje pascual de la victoria de la vida sobre la muerte”. Como dice nuestro Sumo Pontífice, “la Pascua nos proporciona esperanza, confianza y ánimo”. El Señor nos acompaña con su palabra y al partir el pan eucarístico nos dice: “¡No tengáis miedo! Yo he vencido a la muerte”. 

Desde esa esperanza dedicamos aquí nuestro recuerdo a todos los enfermos y fallecidos por el COVID-19, así como a sus familiares y amigos.